13 Ene

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Aunque funge actualmente como director de Educación Básica Primaria, Alexis Antonio Mavárez García ha desempeñado una infinidad de cargos dentro de Los Robles desde que se inició en esta institución con apenas 18 años de edad.

Firme convencido de que la lectura es la herramienta intelectual por excelencia, Mavárez es uno de los motivadores y coordinadores del Plan de Lectura para niños de Primero a Sexto Grado, que en los últimos años ha tomado un gran auge, además de haber estado ligado con el nacimiento de otras actividades extracurriculares que aún se desarrollan dentro del Liceo.

Se siente feliz por ser parte de Los Robles, al que considera el mejor colegio del occidente del país, y tiene, como filosofía, luchar por mantener una unidad de vida acorde con su profesión: ser docente y ejemplo a seguir donde quiera que vaya.

“SIEMPRE ME LLEVO LA SATISFACCIÓN DE HABERLES DEJADO A LOS AÑLUMNOS UNA HUELLA MÁS POSITIVA QUE NEGATIVA Y LO MUCHO QUE HE APRENDIDO DE ELLOS”

¿Cómo describiría su trabajo en Los Robles?

“Tengo en Los Robles prácticamente toda la vida. Me gradué de bachiller docente a los 18 años y entré a esa edad a trabajar con niños de Cuarto a Sexto Grado”.

“Después de 17 años asumí una coordinación, alternándola con el aula. Luego de pasar por otros cargos, volví de nuevo a Primaria, que es mi zona especial. Me manejo con muchos grupos, pero me siento muy cómodo trabajando en el nivel de Primaria; es el ambiente que me gusta. Actualmente trabajo también con Teoría del Conocimiento (TDC) en Cuarto Año de Educación Media General, que es una materia que pertenece al Bachillerato Internacional”.

¿Hay algo que ―a su criterio― distinga a Los Robles de otros colegios?

“Pienso que Los Robles es el mejor colegio del occidente del país. Me satisface mucho la formación de docentes que tenemos en el Liceo, algo que creo es único en Venezuela. Los profesores reciben cursos de pedagogía, estén trabajando en la institución o no, porque el Liceo necesita conocer personas y darse a conocer. En ese intercambio, Los Robles se enriquece porque conoce profesores, y estos a su vez conocen lo que en realidad es el Liceo. En Los Robles no solo formamos a los alumnos, nos interesan primeramente la familia y el docente”.

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Estuvo ligado a la incorporación de varias actividades extracurriculares que aún funcionan en el Liceo, ¿qué buscaban al incluirlas?

“Tuvimos la intención de ofrecer a los alumnos un abanico de opciones para que los muchachos tuvieran de dónde escoger. De tal modo que, a aquel niño al que no le gustara una actividad en específico, tenía otras más que si le atrajeran, para que se incluyera y se desarrollara en algo más que en las actividades del salón. En esa oportunidad hubo un florecimiento de los clubes; de música ya había, pero lo que hicimos fue formalizarlo y nos metimos con la banda, la gaita, el coro, con la música folclórica y hasta con la salsa. Luego estaba el Club de Astronomía, que se fundó aprovechando el famoso eclipse de sol del año 1998, y el cual funciona hasta ahora. Tuvimos un Club de Excursionismo que era famoso, pues hacíamos excursiones casi todos los meses, pero que ha decaído por razones de seguridad en el país. Años después surge también la idea del Club de Lectura”.

¿Cómo nace el Club de Lectura de Los Robles y cuál es el objetivo que persigue?

“Siempre me ha gustado leer y he sido entusiasta de este hábito. Estoy seguro de que la lectura me ha ayudado muchísimo a resolver mil cosas en la vida, para mejorar la visión que tengo del mundo y el análisis que hace uno, de uno mismo y del ser humano en general. Por lo tanto, creo y soy un firme convencido de que la lectura es la herramienta intelectual por excelencia. Para ser coherente con eso, en mi labor he tratado de que sea un elemento importante, tanto como docente de aula, como en mi trabajo en las coordinaciones. Siempre he tenido la idea de inventar cosas para que los alumnos desarrollen la inclinación por la lectura, pues en un mundo donde hay tantos distractores y la facilidad de tener a la mano la información, a veces hace que la gente evada el esfuerzo que implica leer, concentrarse en una actividad que exige atención. Conviene entonces acostumbrarlos desde pequeños y hacerlos disfrutar de la lectura, de manera que el enganche se haga muy temprano”.

“En el Liceo hemos hecho muchos planes. Actualmente tenemos uno que comenzó hace tiempo y que en los últimos años ha tenido mucha aceptación. Fue una idea que yo propuse, que sabía que funcionaría y que contó con el apoyo de la Dirección del colegio; ese fue el actual Plan de Lectura. En este momento tenemos en Los Robles un nivel de lectura recreativa muy alto, incluso pudiera decir que no hay en el Zulia un colegio que se le compare en este campo”.

“Cada trimestre premiamos al niño que lee el libro o los libros sugeridos. No ha sido una lectura impuesta, que es una de las ventajas de este plan, sino que se estimula al niño para que de manera espontánea acceda a la lectura. Cuando se le obliga, no es igual que cuando lo hace porque quiere, que es la mejor de las razones. El niño cuando ha leído el primer y luego el segundo libro, ya es mucho más fácil que se emocione ante la proposición de leer. Se trata de la lectura recreativa; lo básico es que el niño recuerde sus inicios en la lectura como algo positivo y que no deje el hábito”.

Luego de tantos años como docente, ¿qué es lo que atesora, a nivel personal, del trato con tantos niños y jóvenes?

“La satisfacción de haberles dejado a los muchachos alguna huella más positiva que negativa y lo mucho que he aprendido de ellos. Me pasa mucho con los exalumnos, incluso algunos que tienen hijos en el Liceo, pues noto que a pesar del paso de los años, esa deferencia y ese cariño especial no se esfuma. Es ahí cuando uno hace conciencia de lo importante que es la labor del docente. Es por eso que pienso que debemos luchar por mantener una unidad de vida; una forma coherente de hacer las cosas. Uno será siempre profesor dentro y fuera de Los Robles. A donde uno vaya va a encontrar a alguien que lo ve como un ejemplo a seguir. Uno no puede, por amor a la profesión, ‘quitarse el traje’; uno debe ser maestro donde sea”.

¿Qué consejo podría darles a los profesores que apenas se adentran al rol de educar?

“Una de las cosas que uno debe tratar siempre, es lograr que las clases sean atractivas, lo cual no quita lo difícil que implica aprender y que los muchachos logren asociar lo que aprenden con su vida diaria. Debemos formar niños reflexivos, que sepan poner en práctica lo que aprendieron. Creo que debe quedar atrás la idea de enseñar todo dentro del salón de clases, contando con las herramientas tecnológicas que tenemos al alcance hoy en día. Debemos movernos en lo formal y en lo experimental; el niño debe ser investigador, observador y también especulativo, y uno como docente debe saber orientarles en esos conocimientos, habilidades y destrezas, que es lo único que no se pierde”.

Redacción: Fabiola González

Fotografías: Jesús Adán Rincón